HÉCTOR SENA
HÉCTOR SENA

Si creen que será fácil escapar del pasado, en google o twiter van muertos. Todo lo que escriban puede ser usado en su contra. Ni rogando, se borrarán esas lindas frases que dicaron a sus ex y que no saben cómo hacer para que no sean leídas por las actuales.
El mundo cibernético ha traído consigo la demanda de derechos que no figuran expresamente en ninguna Constitución. Uno de ellos es el llamado "derecho al olvido", que ampara la capacidad de una persona para borrar de Internet información irrelevante sobre sí misma y preservar de este modo su privacidad. La Comisión Europea ha puesto en marcha un proceso legislativo para reforzar la protección de datos de los ciudadanos y adaptar las viejas normas al entorno virtual, donde los documentos no solo son de alcance global sino también eternos.
La reforma va enfocada a regular el almacenamiento en Internet de datos personales que no son de interés público. Y también a hacerlos desaparecer de Google , Yahoo! , YouTube o de las redes sociales si el interesado lo solicita. Usuarios de Facebook o Tuenti podrán así tener el control de sus datos y exigir el completo borrado, incluidas fotografías, cuando se den de baja. Una tarea que, al momento, parece titánica y a menudo frustrante. Pero no imposible.
"Ningún ciudadano que no goce de la condición de personaje público ni sea objeto de un hecho de relevancia pública tiene que resignarse a que sus datos personales circulen en la Red". Con esta declaración de principios, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) anima a los ciudadanos a solicitar la cancelación de referencias privadas en foros, blogs, redes sociales o buscadores si estiman que se vulnera el respeto de su dignidad personal.
Eso es lo que hizo una mujer cuyo nombre aparecía en Google vinculado a un indulto. Como establece la ley, la resolución fue publicada en su día en el BOE. La digitalización de la gaceta multiplicó hasta el infinito su difusión. Google convirtió esa conmutación de pena (una noticia de escaso interés salvo, naturalmente, para la afectada) en algo universal. Teclear su nombre llevaba automáticamente a revelar que fue indultada en 1995.
Tras solicitar infructuosamente a Google que cancelara sus datos personales, la mujer indultada 13 años antes acudió en 2008 a la AEPD. Este organismo le dio la razón. "Procede la exclusión de los datos personales de la reclamante de los índices elaborados por Google", sostuvo la agencia, que de paso requirió al BOE que "arbitre las medidas necesarias con el fin de evitar la indexación de los datos de la interesada que aparecen en el documento publicado en el BOE e impedir que sean susceptibles de captación por los motores de búsqueda de Internet".
Protección de Datos se hizo también eco del caso de un hombre imputado por el asesinato de su esposa. Fue detenido y juzgado. La noticia fue rebotada en el territorio online, pero no recogía que finalmente resultó absuelto por sufrir un trastorno mental transitorio. Para Internet, seguía siendo culpable. La agencia atendió igualmente la reclamación de un hombre a quien le fue notificada a través del boletín oficial de su provincia una multa por orinar en la calle. Cuando, 30 años después, se digitalizó la gaceta, los alumnos del hoy honorable profesor se topaban en Google con esta información que, según la AEPD, afectaba claramente a su dignidad personal.
"El problema no es el alud de información sobre una persona que puede albergar Internet, sino que esa información sea imperecedera", explica Artemi Rallo, director de la AEPD. "No se trata de suprimir una noticia del mundo real o del virtual. El derecho al olvido se refiere al efecto multiplicador de Google y los motores de búsqueda. Se puede borrar la información personal de un medio digital o datos que aparecen en el BOE, como multas, sanciones o indultos. Esa información, a diferencia de lo que ocurre en el papel, adquiere una expansión global y temporalmente eterna. Es bastante razonable que algo que sucedió hace 30 años no esté en los índices de un buscador", añade.
Entonces ¿qué tipo de información es borrable? ¿Se puede llegar a reescribir la historia de una persona? ¿Permanecen las noticias en las hemerotecas de la prensa escrita pero es posible que desaparezcan de las ediciones digitales? Sería una pretensión inútil que una persona intentara borrar de su biografía que en 1989 participó de un millonario robo a un camión blindado, cuando la noticia, además de ser de interés público, fue veraz y sobre ella pesa una sentencia judicial firme.
Marc Carrillo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra, explica que la pretensión de un particular de borrar los datos que hacen referencia a su persona en la Red "es legítima en los casos en los que su aparición en la misma no ha sido por voluntad propia, sino como consecuencia de figurar en un archivo, público o privado, y el motivo de ello carezca de interés público". Pero "esta pretensión decae si, por ejemplo, el particular aparece en la Red como autor de un delito por el que fue condenado por sentencia firme (que ya no es susceptible de recurso). La comisión de un delito siempre es un hecho de interés público".
Para Artemi Rallo, el derecho al olvido reconoce la cancelación de un dato personal que se ha recabado legítimamente para que se retire cuando se agote la finalidad para la que fue obtenido. Equivale a hacer realidad el poder de cualquier ciudadano a disponer de toda la información de la que es titular. Y a que la memoria digital no se convierta en algo perpetuo.
Para adaptar la legislación a un orbe interconectado, Bruselas quiere tener lista para este año una propuesta legislativa que fortalezca las normas de protección de datos en Internet. La vicepresidenta de la Comisión y responsable de Justicia, Viviane Reding, ha puesto la primera piedra al abrir una consulta pública -finaliza el próximo día 15- para recabar las opiniones de organismos y entidades interesadas.
La UE aspira a dotar de transparencia el brumoso mundo digital. Quiere que los proveedores de servicios de Internet o los buscadores recojan los mínimos datos de los usuarios. Y que lo hagan de manera tan clara como para saber quién los almacena, cómo, con qué finalidad y por cuánto tiempo. Además, se propone simplificar y mejorar el ejercicio de los derechos de acceso, rectificación y supresión de contenidos relacionados con el usuario. "Para ejercer un control efectivo sobre los datos que les afectan, los interesados chocan con importantes desafíos", reconoce Bruselas.
De obstáculos sabe bien un importante empresario que vio recientemente cómo alguien le suplantó en Facebook. "Usaba el mismo nombre, pero todo seguido, pensé que era un error del sistema y le agregué", dice este hombre que quiere preservar su identidad. Comprobó en carne propia lo fácil que es "machacar a una persona desde Internet, manchar su dignidad y reputación". "Si mi vecino me raya el coche lo denuncio y no se entera nadie. Pero Internet es como poner una pancarta gigante que pregona que mi vecino es un sinvergüenza", se lamenta. "Utilizó mi nombre y poco a poco fue mezclando datos ciertos con otros inventados sobre afiliaciones políticas o creencias religiosas". Envió un correo electrónico al suplantador advirtiéndole de que estaba cometiendo un delito. Un insulto fue la única respuesta. "Me hablaron de una empresa que había sacado a un amigo de un boletín oficial. Me puse en contacto con ella y a las cinco horas había desaparecido ese perfil". La empresa se llama salirdeinternet.com, especializada en hacer desaparecer información no deseada en la Red.
Por 50 euros logra que alguien se esfume del ciberespacio. Miguel Cobacho, uno de sus impulsores, ha liberado a ciudadanos cuyo nombre aparecía asociado a una multa o a delitos cuyas sentencias no eran firmes. "El problema de Internet es que se publica una cosa y sigue allí. No desaparece nunca", apunta. Salirdeinternet.com se dirige primero mediante un requerimiento al sitio web (boletines oficiales, redes sociales, buscadores, diarios digitales) donde está alojada la información. De no obtener una respuesta satisfactoria, acude a la AEPD (en este caso, la factura sube otros 40 euros).
"En el caso de la información aparecida en Facebook, la posición del particular es delicada", incide Carrillo. "La aparición de la información que le concierne lo ha sido por decisión propia. La vía para intentar borrar ese pasado del particular, propio de una actitud poco reflexiva sobre sus propios derechos, podría encontrar una vía -desde luego, muy incierta- en la sugerencia de que las administraciones de las webs (webmaster) se doten de las adecuadas medidas informáticas que permitan evitar la indexación de la noticia. Se trata de los robots.txt, unos archivos con capacidad técnica para ocultar determinadas páginas de una web a fin de impedir el acceso de los principales buscadores".
La AEPD también actúa para cancelar datos publicados en foros de Internet facilitados por un tercero sin el consentimiento del afectado. En este caso, la agencia precisa que los comentarios introducidos en Internet entran dentro de la libertad de expresión, pero matiza: "La libertad de expresión tiene su límite en el respeto a otros derechos fundamentales". Expone que aunque la información publicada en ese foro fuera veraz, "al no referirse a asuntos públicos de interés general resulta preferente el derecho fundamental a la protección de datos".
Coinciden los expertos en que el ciudadano debe tener a su alcance mecanismos para cancelar datos personales e impedir su mantenimiento universal en la Red. Cobacho apunta que ni los buscadores ni las redes sociales son dueños de las fotos o comentarios que alguien cuelga sobre un tercero. "Pueden crear perfiles falsos en tu nombre y extender calumnias. Google almacena datos indefinidamente. Hay veces que una información desaparece de una web y aún aparece en Google. Si un hecho es noticiable se debe publicar. Otra cosa es el puro cotilleo que a menudo albergan Google o las redes sociales".
Samuel Parra, especialista en privacidad, alerta del aluvión de información que se publica en Internet "de forma inconsciente" tanto de personas como de empresas. Y una vez que se indexan se puede acceder a ellas a la velocidad del rayo. ¿Qué ocurre si hay un choque de derechos? Como en el mundo real, aquello que sea de interés público cede ante el derecho a la intimidad. Será el juez quien tendrá que discernir si se trata de datos de interés público o pertenecen al ámbito de la privacidad, apunta Parra.
La intención del Ejecutivo comunitario es poner coto al omnímodo poder de los buscadores y proveedores de servicio. "Si un ciudadano se dirige a Google encontrará una respuesta de 80 folios alegando cosas que no va a entender", se queja Parra. El gigante de Internet, a decir verdad, no ahorra excusas. "Los datos personales incluidos en las webs indexadas por Google no son usadas por Google ni tampoco Google tiene capacidad de decidir a qué usos van a dedicarse las mismas", apunta en respuesta a una reclamación. Añade que la tecnología que utiliza no permite la modificación del contenido. "Google no puede bloquear la aparición de ciertos contenidos sino que tiene que ser el webmaster que instale ciertas etiquetas para evitar ser rastreadas por el googlebot, la herramienta a través de la cual Google rastrea las webs que incorpora en su índice posteriormente".
En las reclamaciones ante Google España, la compañía alega que el servicio de buscador lo presta Google desde Estados Unidos, de manera que no le afectan la directiva europea de protección de datos ni la ley española que la aplica. Por eso, Rallo insiste en que es vital la cooperación. "Internet es un marco global y necesita una norma global, con tratados internacionales de protección de privacidad. Esa es la única lógica que puede satisfacer la exigencia de proteger la privacidad. La fuerza está en la unión".

Aquella multitud concentrada en las orillas de la gran ciudad y próxima a la incipiente instalación industrial, provenía en su inmensa mayoría del campo y del interior del país. Atraídos por mejores condiciones de vida. El modo en que se comunicó la convocatoria, marcó un antes y un después, para dar paso a la nueva Reina del mensaje: LA RADIO.
Durante la denominada “Década Infame”, en la historia argentina de los años’ 30, el mundo encuentra un perfil de confrontaciones bélicas, generadoras de profundos cambios tecnológicos y sociales . Aquella crisis económica acaecidas luego de la revolución industrial da surgimiento a un nuevo y desconocido, hasta entonces, modo de practicar la política: Surge la “Política de Masas” como fenómeno novedoso proyectado frontalmente contra un liberalismo individualista y mezquino, capaz de arrastrar al suicidio a más de una de las sociedades “desarrolladas”.
La gente desplazada del sistema, excluída de las decisiones sobre sus destinos, encuentra formas de abandonar paulatinamente la intemperie en la que se encuentra abandonada. El surgimiento de los líderes que le ponen el pecho a las circunstancias, provienen mayoritariamente de las filas militares; de izquierda o de derecha en la comunicación en la que se hace hincapié es la organizacional, por tanto surgen las palabras “Militancia”, “Estrategia”, “Lucha”, en la jerga política de un modo tan general e inmediato que remplazan rápidamente el viejo lenguaje de los discursos conservadores o liberales, más parecido a los sermones de iglesia, frente a las bravatas y arengas de los nuevos líderes. El crudo realismo remplaza a la siembra de los sueños y la prédica de valores vetustos e hipócritas.
Los descamisados, los grasitas, los cabecitas negras y otras tribus
Así como cada gueto fue desarrollando un sistema de comunicación interno, para auto protegerse, así también en nuestro país convivían dos realidades totalmente distintas: La de aquella “ Argentina Rica” que se paseaba por Europa llevando su vaca “personal” . “ Más rico que un argentino” rezaba el antiguo refrán francés. La otra argentina estaba muy lejos de lo que la educación “oficial” mostraba. Muy lejos de ésos patriotas hacendados y aristocráticos. Era simplemente una masa sudorosa de carne y hueso que yugaba de sol a sol para hacer grande al país. Patrioteros tal vez, pero con un sentido de realidad que enarbolaba la azul y blanca por encima de lo que los intelectuales llamaban “conciencia de clase”. Se sentían tan argentinos como cualquiera. Y allí comienza a gestarse es comunicación subterránea, que fue de la periferia al centro, ignorando a la cultura dominante.
Para los viejos políticos de la época, miopes como siempre, el 17 de octubre fue un amontonamiento de gente arreada por la policía sin ninguna conciencia. Para Jaureche, Scalabrini Ortiz, Homero Manzi y la vanguardia intelectual de la época, fue el comienzo de una revolución inconclusa. Aquel nuevo mensaje había calado hondo en las clases más populares por los medios “no oficiales”. Quizás al decir de José María Rosa, “la indivisible comunión entre lo nacional y lo popular” hace al fenómeno que desplazó, la pretendida idea de la educación formal: mantener el mensaje épico de la bandera y la escarapela sin manchas ni sudor.
La irreverencia de las patas en la fuente, fue un símbolo ignorado por muchos intelectuales, que no lograban ver en eso una insurrección. Claro, se trataba de quienes ignoraron durante mucho tiempo la existencia de una colonización pedagógica planificada al detalle, para captar a nuestros intelectuales. Desde esa perspectiva la consigna “Alpargatas si Libros no” resulta inentendible. Más tarde, Jaureche dará cuenta de ello en “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina” y “El Manual de Zonceras Argentinas”.
Alpargatas si Libros no
Aquellos que sostenían que la verdadera libertad estaba en los libros, no habían advertido cuanto pensamiento colonial se construye con las falsedades de una cultura imperial. De todo eso se protegía aquella gente que acuñaba su propio lenguaje suburbano. “Pelandrun” sonó en algún momento a un calificativo común a aquellos intelectuales que no entendían nada y sin embargo eran la referencia de las clases altas, por su pseudo prestigio.
Luego llegó el tiempo en que la Radio ocupó el centro de la escena. ¿Por qué?. Por qué fueron esos nuevos valores los que se emitieron. Y entonces, quiénes no vieron ese cambio cultural, interpretaron a la nueva política de masas como dictatorial. Concibieron siempre a la práctica política como un juego de opinión, no como una lucha colectiva.
HS

Por Héctor Sena
En aquél mundo de los ‘70, del que mi generación proviene, ser obrero era un privilegio, como lo fue ser estudiante en los ‘60.
Las industrias instaladas en el país garantizaban “el trabajo calificado” de los operarios argentinos. Mi hermano, obrero de Industrias Káiser Argentina, fue delegado de Smata y militante peronista. La Fábrica, a través del convenio sindical fundó el Instituto de Nivel Terciario en donde se diplomaron numerosos técnicos.
Los estudiantes de la época pertenecíamos a esa clase media en ascenso que se pudo comprar la casa con su salario y mandar a sus hijos a la Universidad y que nos politizamos para incluir a los que quedaban afuera y promover un sistema más justo. Considerábamos un deber, devolver nuestras aptitudes adquiridas en actitudes que cambiaran definitivamente la injusticia por un mundo mejor.
Muchos de nosotros entendimos que el cambio estaba en la incorporación de los sectores intermedios (indecisos) y nos dedicamos a convencer y enamorar con absoluta entrega. Por eso destacamos conceptos como los de “Cultura Popular” e incorporamos intelectuales, artistas y personalidades del quehacer cultural.
De ello dan cuenta la mayoría de dirigentes de la política argentina, aunque ocupen diferentes lugares. Todos o casi todos provenimos de esa clase media que tomó como propia la tarea de incorporar a la Causa Nacional y Popular a quienes podrían no habernos comprendido. Hoy algunos lo hacemos con absoluta humildad, sometiéndonos una y otra vez al debate con nuestros hijos, familiares y vecinos. Aunque haya quienes se encargan de socavar nuestras convicciones. De hecho la Cultura Popular, es confundida por “Cultura Bizarra” cuando esto queda en manos del mercado de las productoras discográficas o televisivas.
El padre Mujica, fue un trabajador incansable de una época y salvando todas las distancias Dalmiro Saénz se acopló a esa causa en plena dictadura militar,
José María Rosa o Fermín Chavez, provenientes del sector de los intelectuales y de una clase social aristocrática, José María Castiñeira de Dios, Leopoldo Marechal y filósofos como el prestigioso cordobés Gonzalo Casas.
Pero no sería veraz, continuar la secuencia de este análisis sin considerar que en la Argentina hubo un Plan Estratégico que se implantó con el terror en los ‘70, que remplazo la defensa enconada por un destino de país, por un sistema de tránsito deliberativo, llegando, el gobierno de los argentinos en plena democracia a “dialogar” con los líderes de un levantamiento militar.
Las posibilidades de consensuar el destino de todos se fue diluyendo y también la fuerza de una democracia, que fue abandonando la idea de un país con chimeneas y la necesidad de restablecer lo perdido; mientras la clase media, esa que creyó que con la democracia se come, se cura y se enseña, comenzó una lucha heroica por no dejar lo conquistado. Sufriendo los embates de un proceso inflacionario exterminante. Mientras la actividad calificada por excelencia era la financiera.
Dinero rápido y fácil, encumbró a muchas familias que siguieron digitando “el mercado” igual que antes.
Los ‘90 terminan definitivamente con esa división entre obreros y clase media. La ilusión del cuentapropismo (con el Monotributo) es la contra partida de una argentina que marcha irreversiblemente hacia la exclusión. Se inventa el comercio de la capacitación y surgen carreras de las más variadas, a las que asisten una clientela multitudinaria del conurbano, que compra la ilusión; es el cuento que arroja a la calle a miles de profesionales sin trabajo, detrás de los obreros que los precedieron (“Ramal que para ramal que cierra). La ley de Flexibilización Laboral permanece intacta ¿Cavallo tenía razón?
Pasamos a ser un país en donde el empleo (mayoritariamente en negro) proviene de los servicios y no de la producción de bienes; cuya riqueza se origina en la actividad agro-exportadora y es relativamente distribuida a través de subsidios a los Servicios Públicos y a los Planes de Ayuda que clientelizan a quienes los reciben.
Conviene a esta altura, preguntarse de que clase media estamos hablando y de que morochos, cuando el meridiano pasa, acá, en Francia y hasta en EE.UU por la categorización entre excluídos y no.
Para resolver esta cuestión se apela a todo tipo de discriminación. Tanto en clientelizar a los que menos tienen, expulsarlos como el caso de Sarkozy , excluir a los anciano del sistema como lo hace Zapatero, o ignorarlos como Obama hace con los homeless en Estados Unidos.
No es posible enamorar a la clase media sin consensuar un proyecto de destino. No es lo que nos divide el color de piel, ni siquiera el tipo de trabajo que realicemos. El “sálvese quien pueda” aparece como consecuencia de la incertidumbre que unos y otros experimentan en su vida diaria.
Pensar que los líderes sólo existen en el pasado es mutilar la posibilidad de proyectar la historia que tiene una sociedad. La crisis del mundo muestra la incapacidad de generar liderazgos desde las respuestas inmediatas. La toma de decisiones no debe excluir la suma de voluntades en un mundo de escasas certezas.
Las diferencias del mundo actual, son más graves que las que surgen de la identificación de una clase con otra por el color de piel.
La causa fundamental es la distribución de la riqueza entre una minoría improductiva y especulativa, como el factor de exclusión creciente más importante, que desplaza a blancos y negros, gerentes y obreros.
Es posible compartir una unidad de destino cuando se comparte una cultura. En este combate cotidiano las instituciones de la educación no han podido con el avance tecnológico de los medios. Por eso, han desaparecido como referentes de opinión los grandes intelectuales y se aplasta con una “Cultura Bizarra” a las auténticas expresiones de la “Cultura Popular”. Una sociedad sumida en la inseguridad, la inestabilidad económica y con expectativas de vida permanentemente irrealizables descree de todo, teme a todo y pierde su voluntad de integrarse.
Cuando interesan más los escarceos sexuales de los gobernantes que los problemas reales de la ciudadanía, y cuando los políticos conocen mejor el mundo del marketing que los conceptos que rigen a las polis, algo falla.El pensador Claudio Magris, , definió como “política pop” esta tendencia actual entre la clase política occidental “a que la imagen se haya convertido en un fin en sí mismo”. Y, precisándola como una especie de isla de los famosos
El uso de redes sociales y de blogs está relacionado con lo que algunos entienden como política 2.0, o "una nueva forma de hacer política". Pero el argumento de abrirse a la participación de los electores, es pura fachada, porque sería más justo, por tanto, que hablaran de Marketing 2.0 que de Política 2.0.
La televisión no tolera un pensamiento articulado. Las ideas que hacen funcionar las instituciones deliberativas, como por ejemplo que para discutir las cosas hace falta tiempo, son hostiles a una política de celebrities, una política que tiene que ver con la instantaneidad y los planos televisivos.
Desde que los ámbitos culturales dejaron de influir sobre los grandes públicos, aun si desde cierto punto de vista eso puede tener consecuencias democratizadoras, el debate social y político se ha empobrecido notablemente.
Los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales, creen no tener tiempo para exponer esos problemas en su complejidad y en sus múltiples factores. Para explicar lo que influye en la vida de la gente, A veces se necesita hacer un razonamiento largo
En el continuum televisivo, la jerarquización de las noticias es distinta; se trata de un happening informativo, que necesita de un quiosquero asesinado para un buen cierre.
Hay lectores potenciales que, al dejar de leer o de ejercitar el juicio crítico, pierden la capacidad de moverse en la complejidad mínima de Jerarquizar la información. La sociedad se va desentrenando en la “lectura” de las cosas.